Pájaro de 500 voces
Magdalena Jitrik

Texto de sala

Mientras veo estos cuadros de Verónica Di Toro, me viene a la mente otra pregunta, más bien la pregunta insidiosa sobre qué es la pintura o por qué la pintura.
Es inquietante porque cuando ensayo una respuesta, se corresponde casi únicamente con estos cuadros, o a la tradición geométrica a la que pertenecen. Eso me lleva a pensar que habría tantas definiciones o descripciones de la pintura como cuadros o pintores. Tantos factores definitivos como hechos pictóricos.
Pienso que en el caso de estos cuadros, la pintura es la operación visual y material que produce la imagen de un universo que no existe, o que no vemos. ¿No existe?
Me lleno de pensamientos circulares. La pintura sería una práctica al mismo tiempo que un instrumento de visión, de ese universo que crea, o que hace visible. Una pintura, un objeto real y material, creado para producir consecuencias en los ojos, la visión de canales coloríferos que avanzan paralelos, todos resplandeciendo. Es el testimonio de la invención de cada color.
Me pregunto cómo es esta práctica particular, en donde la reducción extrema de sus componentes termina por construir, por el contrario, un sistema ampliado, enorme, infinito.
Con el silencio de las formas trabaja la estridencia de los colores. Con la quietud de las rectas, la velocidad del movimiento.
Entonces, ¿Por qué la pintura? ¿Por qué su experiencia intransferible?